CONTRARIEDADES O CONTRADICCIONES
Nadie está exento, en algo se ha incurrido,
pero, allí si se ha permanecido o se permanece, algo en todo este panorama no
es real.
Cuando
el mundo lo ve tratar o ejecutar, lo más importante que debe estar expuesto o
evidente es la base de su creencia y no ser atendido como algo secundario, ya
que, ¿Qué argumento se podrá tener o se tendrá ante ellos? Para ellos no hay
diferencia, en su perspectiva, navegan en el mismo barco, bajo el mismo errado
capitán.
Cuando
procede igual que todos los demás, ¿Qué testimonio prevalece? ¿Qué invitación
puede extenderles? Las obras han hablado elocuentemente y no señalan hacia
Cristo.
Cuando
se suma a los mismos procederes de todo aquello que lo rodea, ¿En dónde se está
establecido o quién es Señor? No hay una mente renovada, no hay un proceder
transformado, ¿Cuál será la convicción de aquel creyente?
Cuando
buscamos del mundo lo que sólo ofrece Dios, y nos sumamos a las ignorancias que
en primera plana está, hay inconsistencia, no en el poder del Evangelio, está
en aquel que de ello no se ha apropiado.
Sus
debilidades varían, pero, todas tienen una sola respuesta, sin embargo,
preferencia pareciera regir en otros puertos en las que se divaga, tratando de
resolver de otras fuentes que en nada sacian y mucho menos benefician.
El
apóstol Pedro por temor a ser relacionado con su Maestro, lo negó cuando fue
identificado como uno de los discípulos. Empero, hay algunos que no pueden ser
identificados y mucho menos relacionados con el Rey de Reyes y Señor de
Señores. ¿Tiene usted la respuesta del por qué?
Todos
hemos incurrido en áreas que nunca se debió entretener y jamás aquella puerta
abrir. Empero, pasados errores presentes, es forma de vida elegida. De no ser
así, ¿por qué allí se permanece?
Pudieron
haber sido confundidos por diversos motivos, con aquello que no es o nunca fue,
pero, si persevera la misma confusión, algo en usted no está definido.
La
vida cristiana de ninguna manera puede ser una vida inactiva, todo requiere
crecimiento, avance, desarrollo. Es a través de aquel hecho en que se estará en
la posición de avanzar y ser o estar en camino al lugar que realmente
corresponde. Siendo esta una vida separada y dedicada a lo que el Señor ha
establecido, está no dándole preferencia a la naturaleza humana, empero, está
ubicado en la instrucción y guía del Espíritu Santo, y el conocimiento y
apropiación de las enseñanzas de la Sagrada Escritura.
Examinarnos
es el imperante. No se puede ser complaciente, y condescendiente con el
proceder de este mundo, ya que fácil absorbe, envuelve al débil que atraído se
acerca, para ver con más detalle, lo que para él será la carnada aceptada. Para
cualquier y todo creyente esto implicará un castigo departe del Señor para con
los suyos para evitar que sea condenado con el mundo. Por ende, lo importante
no es avanzar por este mundo o por situaciones no examinando su comportamiento,
tendencias o escogencias; todas estas deben ser hechas en temor a Dios o para
glorificar al Señor.
· Si, pues,
nos examináramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; pero siendo juzgados,
somos castigados por el Señor para que no seamos condenados con el mundo (1
Corintios 11:31, 32).
Cada
cual, al examinarse, se percatará de su realidad, si su proceder es aprobado o
desaprobado, y de ser desaprobado, de ser así, ¿Qué hará? ¿Continuará el camino
de desobediencia e irreverencia al poder que actúa y habita en su pueblo?
· Examinaos a
vosotros mismos, para ver si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no
os conocéis a vosotros mismos? ¿No sabéis que Jesucristo está en vosotros? ¡A
menos que restéis reprobados! (2 Corintios 13:5).
Nuca
el creyente o el profesante de la fe cristiana está en un punto de su vida que
pudiese estar libre de continua valorización o examinando su propia vida para
asegurar que no se ha comprometido o está entreteniendo aquello que no tiene
cabida ante su Salvador. El examen continuo evitará caídas, lamentos, ya que
estará anuente a lo que necesita corregir o abandonar.
· Así que el
que piensa estar firme, mire que no caiga (1 Corintios 10:12).
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