¿QUÉ RESPUESTA PREFIERE ESCUCHAR? II

  

·         Lucas 18:23...oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.

¿Entristecido por lo que dice el Soberano o humillado ante Él y aceptando su voluntad, sus preceptos santos?

Cuán difícil es tomar resoluciones cuando la abundancia radica en algo material, se ha creado un nexo con ello y la separación resulta algo grandemente difícil.

La acumulación de bienes es o puede convertirse en maldición, ya que puede ser un estorbo para alcanzar lo realmente indispensable en la vida.

El joven rico (el adulto rico, el viejo rico, el que nunca tuvo y ahora tiene, el rico...), escuchó al Maestro, el Mesías, el Redentor. Le presentó una pregunta, una inquietud genuina ¿Qué haré para heredar la vida eterna?

·         Lucas 18:18- …Maestro bueno, ¿Qué haré para heredar vida eterna?

Cuando las respuestas no se alinean a las expectativas, todo cambia, toma otro matiz, otra dimensión a la que no se deseaba o se pensaba que se acercaría a la respuesta ideal.

¿Qué exactamente le habría gustado o querido escuchar en respuesta? ¿Qué se habría acomodado a su forma de vivir, agenda? ¿Qué lo habría hecho sentirse feliz?

Cuando la dependencia, razón de ser, existencia, está radicado en cualquier lugar o cosas y no en el Señor, toda resolución resultará difícil o casi imposible, ya que interfiere con aquello que ha hecho o convertido en su prioridad.  El joven rico obtuvo respuesta, empero, en la balanza personal, el precio era demasiado alto, consideró que debería ser más económico su inversión.

·         Jesús, oyendo esto, le dijo: …vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo: y ven sígueme.

Las respuestas del Señor nunca se acomodarán a su marco de pensamiento o su zona de comodidad.  Aun escuchándolo de los labios del Señor, Palabras mismas del Maestro; tuvo objeción, presentó oposición, no ante la argumentación humana, si no ante el medio proporcionado por el Señor para alcanzar lo que él procuraba.

Aquello provoca a considerar, en cuántas instancias realmente ha expresado algo ante el Señor, sin embargo, en su interior usted tiene una determinada agenda o consideración, resolución. Para el Señor no es una sorpresa, empero, para usted será un encuentro con lo que realmente es su decisión, posición, su realidad, ante lo que ordena el Redentor.

Gloria a Dios por los testimonios en donde hermanos, siervos del Señor han expresado, ordenó el Señor y fue difícil en algunas áreas, sin embargo, obedecimos, lo hicimos. ¿Por qué? Porque el Autor de nuestros días, el que habló, ordenó, no sugirió como algunos alegan. Cuando Dios habla, le hace saber la única verdad, por ende, sus Palabras no son sugerencias o alternativas, el Señor ordena. Es su decisión si lo ha de acatar o no, solo usted perderá.

El joven rico acudió a Jesús, estaba ante Él, escuchándolo, recibiendo Palabras de sus mismos labios, este joven se detiene, hace un alto en su interior ante aquello que procuraba, ya hay una desconexión, porque nada va conforme a lo que esperaba que sería la respuesta a la inversión de su vida. ¿Alguna semejanza?

Ahora antes de comentar o presentar algún argumento de excusa, consideremos nuestra posición y posible sea que igual o peor se ha hecho o se ha optado por hacer.

Recurrir al Señor y luego postergar lo que ordena u optar por otro camino, ya es pecado. ¿Por qué?  Porque ya está en conocimiento o entiende lo que Dios espera o desea, pero, no está dispuesto a hacerlo una realidad.

Posiblemente alguien preguntaría: ¿Habría sido mejor permanecer en ignorancia? Y la respuesta no tardaría, el pecado aún allí estaría, porque se negó o se está negando a la aceptación de la respuesta que procederá y está establecido por el Todopoderoso.

¿Qué realmente desea escuchar del Señor? ¿Qué realmente debe o puede decirle para que usted pueda optar por acatar?

¿Acaso el Señor tiene que moldear sus respuestas, ordenanzas para lograr de usted aceptación o consideración?

El Rey del universo no tiene que hacer absolutamente más nada que hablar y lograr que todo se alinee.

Si Él es su Rey, los súbditos obedecen. Si es su Padre, los hijos lo alegran. Y si es su Redentor, los salvos lo adoran.

¿Estoy considerando lo que dijo Dios o estoy en obediencia, sometimiento a mi Señor?

¿Está entristecido por las respuestas del Maestro, o está gozoso por lo que ha ordenado?

Porque todo cuanto ordena es salida, luz, solución, sanidad; de lo contrario aún en prisión sería la triste realidad.

¿Qué es lo que ha recibido que cree merecer? ¿Qué es lo que lo ha obtenido que aún no hay agradecimiento?

¿Hasta dónde tiene que llegar o extenderse una condición, para que usted considere al Hacedor, para que se someta a Él?

El Señor ha hecho más, abundantemente más de lo que cualquier hombre merece. Por ende, agradecimiento sólo debería fluir, de aquella existencia que estaba por dejar de ser y en Cristo Jesús se está.

 

 

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